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LA POLÍTICA DE LA FICCIÓN Y LA HIPOCRESÍA DEL IMPERIO

Lejos de los derechos humanos universales El 4 de noviembre del 2008 resultaba electo el primer presidente de color en EEUU. Grandes expectativas de cambio se generaron alrededor de este candidato, sobre todo en relación a la política militar que éste tuviera en Irak, si resultase electo. A UN CLICK ACCEDA AL ARTICULO COMPLETO DE PAULA SENFET PARA CUADERNILLOS CAMINANTE.

LA POLÍTICA DE LA FICCIÓN Y LA HIPOCRESÍA DEL IMPERIO


Lejos de los derechos humanos universales


 


 




 


 


 


El 4 de noviembre del 2008 resultaba electo el primer presidente de color en EEUU. Grandes expectativas de cambio se generaron alrededor de este candidato, sobre todo en relación a la política  militar que éste tuviera en Irak, si resultase electo.


Aquel amplio sector de la  población, que por razones ideológicas o económicas no adhería ni se beneficiaba con esta guerra, reclamaba al candidato demócrata  el retiro de las tropas y el cese de la ocupación.


Pero casi dos años posteriores a su elección, lejos de ser una política de intervención más benigna, pacífica y de retracción; continúa por el contrario, no sólo su ocupación sobre Irak sino ampliándose sobre aquellas regiones estratégicas que poseen recursos energéticos en Oriente.


¿Es entonces Barack Obama el representante de una nueva política vinculada con los derechos humanos internacionales? ¿Es mecedor de ser vinculado con la paz?


Evidentemente  que no. En definitiva encubre  los mismos círculos que detentan el poder económico, militar y político en este país.


Sin embargo, éstos  necesitaban para seguir actuando: una nueva imagen que fuera más popular, asociada con los grupos minoritarios o segregados históricamente, que se distanciará de la mala reputación de su predecesor. Su campaña se orquesta entonces, bajo estos conceptos - entre otros-. Su accionar en cambio, demuestra que poco tiene que ver con esto (no sólo en el plano de política interna sino  externa fundamentalmente).


Al respecto, el diario Le Monde Diplomatique, en su edición de febrero del corriente, alerta sobre una situación increíble y preocupante a la vez: las fuerzas armadas estadounidenses se integran además, no sólo por cuerpos militares estatales sino de mercenarios. Se denominan éstas como “sociedades militares” y actúan “brindando sus servicios” al Estado estadounidense. Es decir que se esta transfiriendo asuntos militares y de defensa nacional al ámbito comercial privado. Es evidente el peligro que conlleva esto: cuanto mayor conflicto y duración de la guerra, mayores son las ganancias que obtienen estas empresas como Blackwater, Dyn Corp, Military Proffesional Ressources Inc. y Kellogs Brown and Roots[1].


Resulta entonces claro: ¿qué intensiones pueden ser más fuertes que éstas para terminar con las guerras en Oriente? ¿Los derechos humanos universales? Conceptos vacíos, pura ficción.


La política se cubre de hipocresía, pero la intelectualidad también. Las principales teorías sobre derechos humanos, democracia, pluralismo o, teorías de crítica frente a regímenes totalitarios y autoritarios se desarrollaron en EEUU -al finalizar la Segunda Guerra Mundial- como crítica  y reacción frente a los teóricos que apoyaron los regímenes de esta época, sobre todo los fascistas. Estas teorías se mostraban como superadoras de una época “oscura” de la intelectualidad  y se asociaban directamente con los conceptos de democracia, derechos humanos, contrato social, igualdad y libertad, entre otros.


Uno de los autores más criticado de la época fascista es Carl Schmitt,  también uno de los más cuestionados -por esta corriente intelectual posbélica-.


Si bien la concepción que Schmitt tiene sobre la política es extrema, (pues  la política para él conlleva ese grado máximo de intensidad en la oposición que posee el peligro potencial, siempre presente, de la guerra como resolución del conflicto entre dos pueblos) ¿puede la política  y la teoría que se desarrolla en EE.UU. alejarse tanto de lo que decía este autor? Desafortunadamente vemos que no.


Entre las cuestiones fundamentales que podemos resaltar de este autor y acerca del concepto de lo político es que para él, el criterio de distinción propio de la política es la definición del enemigo. El enemigo es el otro, el extraño.


En virtud de un conflicto, cada uno de los implicados puede decidir por si mismo la alteridad del extraño, quien representa la  negación del propio modo de existencia, para preservar la propia forma esencial de vida -esto siempre entendido como comunidad, no como individuo (enemigo público)-.


Si bien reconocía Schmitt que la política se sirve de otras distinciones o argumentos como recursos que justifiquen la política de exterminio (armas nucleares, organizaciones terroristas, peligro para “nosotros”, por ejemplo) el criterio decisivo era la distinción amigo/enemigo.


Los pueblos se agrupan como amigos u enemigos, y la existencia política esta determinada por tal condición. La neutralidad para él implica la desaparición como cuerpo político  y como pueblo.


La guerra es potencial, es decir condición siempre presente que es el grado último de adversidad  En el caso particular de Estados Unidos: ¿no es la política internacional que aplica  la negación existencial del otro: el pueblo de Irak, Afganistán o Pakistán?, ¿No emplean recursos racistas y xenofóbicos como argumentos para sus matanzas que encubren la intensión de exterminio y negación  óntica del otro?


Las guerras del siglo XXI  no se presentan de manera acabada y directa: utilizan todo tipo de argumentos, complejizan los métodos de matanza masiva, se encubren detrás de organismos internacionales, se enmascaran detrás de las ideas de libertad, derechos humanos, etc. Pero el principio que se mantiene constante es el exterminio físico del otro, la negación del ser distinto: el otro. Tan equivocado no  debería haber estado Carl Schmitt para leer ciertas maneras de proceder de algunos Estados de su época que aún hoy se puede considerar que siguen existiendo. Sólo que a diferencia, se ven envueltos en una gran hipocresía, necesitan de la ficción para ejecutar los fines de exterminio y apropiación de recursos de otros pueblos.-


psenfet@gmail.com








[1] Marie Dominique Charlier- Le Monde Diplomatique- Febrero del 2010